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 SEPTIEMBRE   2008





   «Me encuentro inmerso en la PINTURA ABSTRACTA, dentro de un proceso de investigación y cambio, movido por la pasión y la necesidad interior de que mi pintura sea más libre, pasando de la interpretación a la CREACIÓN, desligándome de lo formal, de estilos y formas clásicas en un acto de sinceridad.
     Mi trabajo me lleva al cuadro objeto. Preparo los soportes con maderas tratadas, texturizadas con diferentes materiales. Necesito que el soporte comunique, dándole valor y vida propia. Después trato de que el color se haga dueño del soporte, que él decida las formas mediante luchas y tensiones entre la imaginación y la reflexión.»
                                                                                      Viveros · 2008


JULIO   2008         LA ISLA, LA MÚSICA Y LA LIBERTAD


I.   La isla





          Isla
                                                 Para mi amiga Lu, con todo mi afecto

                                                                      «dadme el silencio...»
                                                                            GLORIA FUERTES

La luz brota en mi rostro. Esta luz.
Un juego de penumbras me rodea,
penumbras ya sedientas de mi piel.
Isla soy. Isla muda. Bastión de soledad,
castillo, almena, torre del vigía:
silencio en mi recinto de sombras.


Con los ojos colmados de timbales,
ruedo en mi noria de agua.
Elevada en la cima hostil del miedo
al miedo a detenerme,
consciente de mi hueco, ya amputada la fe.


Imaginarme aquí en lo sucesivo...
O morir ahora, mas morir serena.
Nacer libre en la nada; eludir este dolor,
esquivar las esquinas de los nombres:
Sables inciertos
                      para mi recinto
                                           de sombras.

 

©  Ana Isabel Trigo Cáceres / junio 2008

    

II.   La música




John Lennon dijo que "Life is what happens to you while you're busy making other plans." Fito Mansilla es de los que prefieren vivir el ahora plenamente a tener que hacer planes a largo plazo, pues porta el estigma de los devoradores de vida. A estas personas se las distingue por la vehemencia en sus gestos, el entusiasmo vital y el afán de conocer todo y a todos, y entregarse en una suerte de marea recíproca de afectos.

En cuanto al Fito Mansilla cantautor, destacan en él dos vertientes: Por un lado, una firme apuesta encaminada hacia el pop y el rock, donde imperan las melodías rotundas y elegantes. Y por otro, el intimismo más desnudo, que fluye del sentir de un hombre que siempre ha querido amar a corazón abierto –sin vacunas contra el dolor–, respirar la realidad a bocanadas y vivir a pie de acera, para sentir el pulso de la ciudad, el bello caos que nos circunda.

Así pues, dos vertientes que coexisten bajo el denominador común de una voz joven, vital, desgarrada, capaz de transmitir el sentimiento específico de cada canción. Un caudal de voz que sabe susurrar en los momentos de intimismo, pero que también sabe clamar cuando la melodía cabalga in crescendo hasta apoderarse del escenario y del público, ese público que sucumbe a una música muy viva y a unas letras con contenido.

Fito Mansilla, que ha bebido del mejor pop español de las dos últimas décadas, ha forjado su vocación con la tenacidad del que sabe que hay que tensar con precisión las cuerdas de una guitarra hasta conseguir la canción soñada.

Porque él es eso: un cantautor genuino. No una promesa, sino una realidad. El presente.




 En el espacio de Fito Mansilla podemos escuchar temas de su primer disco, Los días dorados, así como otros inéditos; entre éstos se encuentra 'Lo que a veces puedes ver', una hermosa e intimista canción (guitarra, piano y voz solamente) compuesta por el propio Fito y Rubén Fuentes, inspirada en mi poema 'Nadie te advirtió', que se puede leer aquí >>


III.   La libertad


BIENVENIDOS A LA LIBERTAD, Ingrid Betancourt y los otros catorce rehenes de las FARC. "Era una levantada a las cuatro de la mañana, precedida de un insomnio probablemente desde las tres de la mañana". Así comenzó su relato sobre su vida en la selva Ingrid Betancourt. Lo narró en la conferencia de prensa que tuvo lugar en la embajada francesa de Bogotá, pocas horas después de haber sido liberada. >>


MAYO 2008                TREINTA Y CINCO











 Gracias a todos.


MIÉRCOLES 30 ABRIL.        DESPRENDIMIENTO




     «En la isla de Vancouver, cuenta Ruth Benedict, los indios celebraban torneos para medir la grandeza de los príncipes. Los rivales competían destruyendo sus bienes. Arrojaban al fuego sus canoas, su aceite de pescado y sus huevos de salmón; y desde un alto promontorio echaban a la mar sus mantas y sus vasijas.
     Vencía el que se despojaba de todo.»
                                                                                   Eduardo Galeano


Este tótem, realizado por el escultor alemán Pablo Hannemann, está inspirado en la tradición de los indios de Canadá y Alaska, quienes tallaban enormes tótems de madera para marcar un lugar. Esta escultura representa a la familia, simbolizada por el padre, la madre y el niño, junto al bosque y el mar. Un ave mitológica, el pájaro tronador, creador y regulador de los elementos naturales, corona la obra.


DOMINGO 27 ABRIL 2008.     LUPICS CREACIONES


    Mi amiga Lu, magnífica fotógrafa, mujer intuitiva y "escultora de imágenes" como se define a sí misma, tomó ­-mejor dicho, cazó- esta imagen mía el pasado 17 de abril en el café Mama Inés, en Madrid, donde nos habíamos citado para ver su exposición. Y a ella quiero dedicarle el siguiente poema, acostumbrada como está a mirar más allá de los ojos para retratar las almas.



      Agua

     Escucha este canto jubiloso, escúchalo obstinado como el graznido de las aves acuáticas. Mi canto que conjura la sentencia del tiempo.

     Escúchalo, río sagrado, raíz de mi alma. Escucha el vuelo submarino que me arrastra hacia el origen.

     Soy muda, soy una piedra, soy el dolor.

     Los pescadores contemplan el atardecer, mientras una bandada de grullas levanta el vuelo.

     Nada puedo ofrecerte sino mi verdad. En mis manos hermanas del barro, en mis manos viudas crece el desierto, pero también la flor de loto y el arroz.

     Nada más. Ya te he dicho que soy muda. Acepta mi ofrenda que gravita hacia tu centro, mi danza submarina.

     Nada más. Soy la luz.

     Soy la luz... Y me lleno de ti.


©  Ana Isabel Trigo Cáceres  2006


DOMINGO 20 ABRIL 2008.     HÁBLAME COMO LA LLUVIA

           Escena

«Una habitación amueblada al oeste de la Octava Avenida en la zona central de Manhatan. En una cama plegable está echado un HOMBRE vestido con una camiseta arrugada, despertándose con los suspiros de quien se acostó muy borracho. Una MUJER está sentada en una silla junto a la única ventana de la habitación, vagamente delineado su perfil sobre un cielo preñado de lluvia que todavía no ha comenzado a caer. La MUJER tiene en la mano un vaso de agua que va bebiendo a pequeños sorbos, a sacudidas, como bebería un pájaro. Los rostros de ambos son jóvenes y desmedrados, como los rostros de los niños en un país donde hay hambre. Se hablan con una especie de cortesía, una especie de formalidad afectuosa como la de dos niños solitarios que quieren ser amigos; y, sin embargo, dan la impresión de haber vivido juntos durante mucho tiempo, y de que la presente escena entre ellos es la repetición de una escena tantas veces vivida que su contenido emocional plausible, como el reproche y el arrepentimiento, está totalmente gastado, y no queda nada más que la aceptación de algo irremediablemente inalterable entre ellos.»
    Tennessee Williams: Háblame como la lluvia y déjame escuchar...



     Así comienza esta brevísima obra de teatro que mi hermana me hizo llegar el otro día. Algo tan sencillo como un hombre y una mujer en una habitación. Ahí están, ¿los veis?, ¿qué piensan?, ¿se aman todavía?
     Mi amiga Lu opina que «no se aman, pero no lo saben aún porque les da miedo pensar en ello. A ella, al menos. Él puede que se haya acomodado a la situación y ni siquiera confía en que haya algo mejor. Lo hay. Y el día que uno de los dos despierte del letargo (probablemente por conocer a un tercero) todo estallará y ya nada podrá detener lo inevitable.»
     Por su parte, mi amigo Antonio, infatigable buscador de versos, considera que «esa y no otra es la más fiel y acertada imagen de la vida. Un hombre y una mujer encerrados en una habitación, eso es el universo. Ahí cabe todo, todo sentimiento y todo pensamiento. Nada de lo que no haya en esa escena existe. La vida está ahí, de ahí surge y ahí termina. Todo el amor del mundo cabe ahí, como todas las guerras, todos los dolores o todas las sonrisas. Fuera de ese marco no hay nada. La vida es como es por lo que es, y no exite luz que no hayamos creado nosotros mismos.»
     La solución: al final de la obra.

     Y mientras, el viento gime fríamente y arrecia la lluvia...


MARTES 15 ABRIL 2008.     MIGRACIONES DE LIBROS


     Hay libros migratorios. Libros que emprenden su ruta silenciosa y te acompañan siempre. Te acompañan con el café, en las tardes de inquietud, en los trayectos en tren, o en esa alegría que revolotea a veces en la floresta del alma.

Siempre supone un gozo regresar al universo de Paul Auster (Nueva Jersey, 1947). Hoy releo, con la emoción de la primera vez, El Palacio de la Luna, una de sus mejores novelas. La crítica ha dicho:  “Un magnífico retrato del alma secreta del hombre urbano"  (El País). “Una de las novelas más completas, elegantes, refinadas e inteligentes de los últimos años” (La Vanguardia). “Pertenece al club de las novelas que desearíamos no terminar de leer nunca"  (Justo Navarro).

     El joven Marco Stanley Fogg nos cuenta la historia de su vida. El siguiente pasaje es de una belleza conmovedora. El poder terapéutico del amor.


     «Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad.»




LUNES 7 ABRIL 2008.     FRAGILIDAD Y JUSTICIA





     ¿Qué es lo que pensamos al leer estas noticias?

     «El Juzgado de lo Penal número 4 de Sevilla lo condenó el día 13 de ese mes a dos años de prisión por abusar de una niña de nueve años, pero suspendió la condena al carecer el pederasta de antecedentes penales. No los tenía porque, en aquella fecha, la Audiencia de Sevilla no había redactado aún una sentencia sobre los abusos cometidos por Del Valle contra su hija...» más

     «... de 68 años, que contaba con una orden internacional de búsqueda y captura por varios delitos de agresión sexual. Fue detenido el pasado sábado tras comprobar que el pederasta, con sentencia firme de la Audiencia de Madrid, vino huyendo de la justicia desde la localidad madrileña de Fuenlabrada, donde cometió los abusos. Según la Guardia Civil, el detenido aprovechó el tiempo transcurrido entre el recurso a la sentencia y su contestación para refugiarse en el domicilio de un familiar...» más





     Ella tiene diez años. Le cuesta entender lo que ha ocurrido. Sabe que se encuentra asustada, mas no logra explicar qué ha pasado.
     Durante un tiempo cogerá miedo al ascensor y a los portales. Desde entonces comprenderá que la salida del colegio y los parques no son lugares seguros: a veces hay seres siniestros merodeando cerca de los columpios, observando a los niños. Pero de estas cosas no se habla aún en las noticias...
     Ella tiene diez años y no puede explicar qué ha pasado.
     Al llegar a casa cae en el mutismo.


MIÉRCOLES 2 ABRIL 2008.       ACUARELA




     Poema nuevo

Un claustro en soledad. Todo el recinto
del silencio atrapado en la acuarela.
Escribo desde ti, desde la sed
que se agolpa en la carne de los versos,
expectante libélula posada
en el alambre de tu voz. La sed...
Un claustro. Y esta lluvia.
Los mudos soportales hoy contemplan
el arco del recuerdo,
la fuga de los ángulos:
geometría en equilibrio. Hoy
sigues presente en cada piedra, en cada columna.
El hilo de la luz, telar de sueños...
Y esta lluvia.


© Ana Isabel Trigo Cáceres
    marzo-abril 2008


I lived on the moon: Internet Film Fest Berlin 2007. Winner "Best Film".



JUEVES 27 MARZO 2008.      DÍA MUNDIAL DEL TEATRO




     Para Momo [a través de la cual me ha llegado el mensaje que transcribo a continuación] y mi hermana May. Criaturas, ambas, del teatro.


     Mensaje del Día Mundial del Teatro.- Por Robert Lepage

     «Hay numerosas hipótesis sobre los orígenes del teatro, pero la que más me interpela tiene forma de fábula.
     Una noche, en tiempos inmemoriales, un grupo de hombres se habían reunido en una cantera para calentarse alrededor del fuego y contarse historias. De pronto, uno de los hombres tuvo la idea de levantarse y usar su sombra para ilustrar su relato. Usando la luz de las llamas hizo aparecer personajes inmensos en las paredes de la cantera. Deslumbrados, los demás diferenciaron al fuerte y al débil; al opresor y al oprimido; al dios y al mortal.
Hoy en día, la luz de los proyectores ha reemplazado al fuego original, y la maquinaria escénica, al muro de la cantera. Y por mal que les pese a algunos puristas, esta fábula nos recuerda que la tecnología está en el origen mismo del teatro y que no debiera ser percibida como una amenaza sino como un elemento aglutinador.
     La supervivencia del teatro depende de su capacidad para reinventarse integrando las nuevas herramientas y los nuevos lenguajes. Si no, ¿cómo podría el teatro seguir siendo testigo de las grandes apuestas de su época y promover el entendimiento de los pueblos, si no da él mismo prueba de apertura? ¿Cómo podría jactarse de ofrecer soluciones a los problemas de la intolerancia, exclusión y racismo si, en su propia práctica, se resiste a todo mestizaje y a toda integración?
     Para representar el mundo en toda su complejidad, el artista debe proponer formas e ideas nuevas, y tener confianza en la inteligencia del espectador, que es capaz de distinguir la silueta de la humanidad en este perpetuo juego de luz y sombra. Y es cierto que de tanto jugar con el fuego el hombre corre el riesgo de quemarse, pero también la posibilidad de deslumbrar e iluminar.»


    Todavía guardo con especial cariño la octavilla y la entrada de la obra Tengamos el sexo en paz, de Darío Fo, interpretada soberbiamente por Charo López. Fui a verla el 1 de marzo de 1998 al Teatro Lara de Madrid y me emocionó de tal manera que decidí atesorar los cálidos ojos de esta actriz en la caja roja de bombones que hace las veces de baúl de los recuerdos. Rímel negro y mirada franca taladrando al espectador.


  Con mi hermana he acudido al teatro en no pocas ocasiones, desde La katarsis del tomatazo de la sala Mirador, a mediados de los años noventa -antes de que ese espectáculo se pusiera de moda- hasta sesudos experimentos llevados a cabo por jóvenes directores e intérpretes que forjaron su vocación al calor de las humildes escuelas. May es una de estas personas: vital, apasionada. Una gata simpática que una vez posó para un calendario de Cats.

 Mi hermana May




MIÉRCOLES 26 MARZO 2008.     DÍAS CIÉNAGA


     Hay días impensados. Días ciénaga en que al salir a la calle no te queda más remedio que ajustarte la sonrisa, fijarla fuertemente con pegamento como las dentaduras postizas, pues las horas por delante prometen una férrea práctica de la erosión.

   Son esos días torpes...


     Los días que se mueven como los paquidermos entre el tráfico.

     Cié  na  gas.

     Y    ga  nas   de   llo  rar.


LUNES 17 MARZO 2008.     HISTORIA DE UNA CASA




     Todas las casas tienen cicatrices.
     Es lo que él piensa mientras recoge del suelo los pedazos de un vaso de cristal.
     Heridas, cicatrices.
     Este agujero es de aquel cuadro, acuérdate, habrá que dar un poco de Acuaplast.
     La casa está viva, lo anuncia con cada una de sus lesiones. Y es bueno recordar los hechos que provocaron las marcas que perviven en el tiempo: celebraciones, cumpleaños, nocheviejas, disputas, reconciliaciones.
     Vajilla desportillada, copas sueltas, viudas; supervivientes, en fin, de las mudanzas y los caprichos de sus dueños.
     Historia de una casa.




     Me viene a la memoria el libro Últimos días de una casa, de la poeta cubana Dulce María Loynaz, que hoy rescato de una balda de la librería:


No sé por qué se ha hecho desde hace tantos días
este extraño silencio:
silencio sin perfiles, sin aristas,
que me penetra como un agua sorda.
Como marea en vilo por la luna,
el silencio me cubre lentamente.

Me siento sumergida en él, pegada
su baba a mis paredes;
y nada puedo hacer para arrancármelo,
para salir a flote y respirar
de nuevo el aire vivo,
lleno de sol, de polen, de zumbidos.
 
Nadie puede decir
que he sido yo una casa silenciosa;
por el contrario, a muchos muchas veces
rasgué la seda pálida del sueño
–el nocturno capullo en que se envuelven–,
con mi piano crecido en la alta noche,
las risas y los cantos de los jóvenes
y aquella efervescencia de la vida
que ha borbotado siempre en mis ventanas
como en los ojos de
las mujeres enamoradas.

[...]

     Un hermoso poemario en el cual asistimos al deterioro de una casa que nos habla, que nos recuerda sus años de feliz y humana compañía, y nos cuenta la tragedia de su abandono, su silencio, su soledad...




     Líquida soledad

La soledad pronuncia
mi nombre negro,
soledad que deshoja
mi estéril verbo.
Mi voz baldía
se perfuma de estrella,
soledad fría.

En los parques sin luna
busco mi nombre.
En los bares con charcos
me bebo flores.
Me bebo arcilla
de rumor fugitivo,
soledad líquida.

Las lágrimas me estallan
entre los dedos
como un globo invisible,
fugaz y eterno.
Color diciembre,
mi soledad se agranda
de este a oeste.

Como un cortejo fúnebre
el tiempo ulula,
el tiempo brama y gime,
voraz locura.
Mi edad vacía
se llena de milenios,
soledad fría.
 
El silencio taladra
mi nombre espejo.
Me pueblan las semillas
del desconsuelo.
¡Cuánto ha llovido!
¡Cuántos cráteres se abren
hasta el abismo!

© Ana Isabel Trigo Cáceres   2003




SÁBADO 15 MARZO 2008.     ORO AZUL




     Más de mil quinientos millones de personas que habitan nuestro planeta no tienen acceso al agua potable. Para satisfacer nuestras necesidades básicas requerimos de 20 a 50 litros de agua, libre de contaminantes, por día. Un recién nacido en un país desarrollado consume una cantidad de agua muy superior a la de un recién nacido en un país en vías de desarrollo. La salud humana depende de unas condiciones asociadas a este bien natural: agua potable segura, saneamiento adecuado, reducción de enfermedades relacionadas con el agua (malaria o paludismo) y existencia de ecosistemas de agua dulce salubres. 

El cambio climático afecta al agua y a su acción sobre la naturaleza: tan pronto se presentan largos períodos de sequía como súbitas inundaciones que anegan extensos territorios. El nivel del mar aumenta, los polos se deshielan y la temperatura de los océanos asciende décima a décima, grado a grado. Pero los gobiernos apenas reparan en este fenómeno; mantienen una actitud pasiva, una inadecuada gestión de los recursos y una simpatía por la privatización que favorece exclusivamente a los que hacen caja: las grandes empresas. A todos nos viene a la cabeza algún ejemplo de macro proyectos: áreas de ocio, campos de gol y complejos hoteleros ubicados en regiones donde precisamente no sobra el agua. Éste es el caso del desierto de los Monegros, donde el Gobierno de Aragón tiene previsto construir un enorme complejo lúdico: cuatro parques temáticos, cada uno tan grande como Port Aventura. Más casinos que en Las Vegas, podría haber 32 hoteles-casino. Al Gobierno de Aragón le parece una gran oportunidad que no se puede dejar pasar. El anuncio de esta idea ha generado tanto entusiasmo como incredulidad. Adolfo Barrena, portavoz de Izquierda Unida en Aragón, opina que "es un proyecto grandilocuente y despilfarrador que además va contra los esfuerzos por detener el cambio climático, contra el desarrollo sostenible".




     Sobre el agua hay interesantes libros e informes que arrojan datos que muestran que son muchos los retos que debemos afrontar para salvar a la humanidad de un peligro como es la falta de agua.


DOMINGO 3 FEBRERO 2008.  PALABRAS Y SILENCIOS




     Escribiré mi vida a intervalos.
     Vuelvo a este verso que siempre me espera. Y vuelvo también al buró que atesora palabras, recuerdos, silencios. Sus cajones guardan lo vivido y lo soñado: Cartas de amor escritas a los veinte años; una mujer que me mira desde un pasaporte caducado; un cuaderno acabado en piel –olor ibérico y bucólico a zurrón pastoril– con poemas prehistóricos; un caleidoscopio que me regaló mi hermana hace mucho tiempo; una colección de postales eróticas de los frescos conservados en las ruinas de Pompeya; el manuscrito de una novela de un amigo mío, cuya dedicatoria viene a mi encuentro: Para Anabel, cuya sensibilidad especial sé que le hará entender la extraña personalidad del protagonista, que es todo un ejemplo de emocionalidad contenida...
     Y hallo además una pequeña libreta forrada en tela, con mis anotaciones sobre la poesía de Jesús Urceloy, luz de faro, farero, vigía siempre (el poeta indaga en sus raíces; nos trae su pasado para entender su presente... lenguaje coloquial, cercano... versículos, al leerlo hace temblar, algo en el interior del lector se tambalea porque es un lenguaje desnudo que penetra, y permanece... la soledad nos hiere, nos muerde... compasión y empatía del poeta con los hombres, con el dolor y el desarraigo humanos... verso de vuelta... personificación de la casa... enigmático, no lo entiendo, pero hermoso y triste... poema rotundo y arriesgado: el poeta desnuda su alma, escribe con las tripas, con un interesante esquema yo soy – no soy – yo soy...). Mi querido Urceloy.

     Un día me encuentro con Amelia, un personaje de una historia que también duerme en el buró. A Amelia le fascinan los tiburones. Su preferido es el tiburón peregrino que, al contrario que los otros, sólo se alimenta de plancton. Podríamos decir que se trata de un tiburón vegetariano. Amelia no es vegetariana, pero sí nihilista. Lo descubrió en la adolescencia, febril etapa de búsqueda infatigable de ese ‘algo’ que le hiciera creer. ¿Creer en qué? La nada, para ella, lo embarga todo.
     Amelia trabaja en una papelería. Vende cuadernos, lapiceros, bolígrafos. Cosas pequeñas. Cada mañana ojea el periódico, de pie, acodada en el mostrador. Un día de lluvia entra en la tienda Eduardo, un tiburón muy atractivo. Ella está a punto de concluir el crucigrama, deshojando las respuestas, pensando en la posible palabra del 12 vertical, y no alza la vista hasta que el visitante se encuentra a medio metro de ella. Una agenda. El hombre va buscando una agenda de piel. Mientras le enseña artículos y confirma precios, Amelia se pregunta si existe el flechazo.
     Se gustan, comienzan a salir, pasan los meses. Una noche de luna nueva, Eduardo –sibarita confeso– prepara un menú refinado: faisán, regado con un Montrachet de 1982, y, de postre, trufas francesas Chambery. Para él, la selección de la materia prima es lo esencial. «Casémonos», le propone Eduardo entre trufa y trufa. Pero Amelia, que reconoce la existencia de la nada como un magma invasor, no cree en dios ni en el matrimonio; además, hay algo de él que todavía escapa a su comprensión. ¿Será Eduardo un tiburón peregrino, un tiburón ‘bueno’ que sólo se alimenta de plancton? ¿O será un depredador omnívoro?
     La indecisión.

     Y, para finalizar, un palíndromo y un poema en versículos.
     El palíndromo es reconocer: vocablo hermoso, redondo, perfecto.
     El poema es éste:


     Salmo

                                                                        “Por la primera herida…”
                                                                                      Jesús Urceloy

     Esta noche bajaré descalza la escalera de incendios. Cuando duerman los ascensores, bajaré para conocer la humedad del asfalto que lame el sueño como un musgo impaciente.

     Bajaré en busca de la niña que huye del violador. He de encontrarla para besar sus párpados temblorosos, sus fríos párpados de julio. Duerme –le diré–, duerme.

     Bajaré descalza para atrapar la mariposa azul del asesino, la flor carnívora del pederasta que cada día sale del sótano a vigilar los columpios.

     En cada peldaño muere un tacón, una dócil sandalia muere en el silencio. Un zapato no es sólo una lágrima, una herida, un nombre. Un zapato es también una cruz en el precipicio.

     Esta noche bajaré descalza la escalera de incendios. Pero regresaré mientras duerman los ascensores. Regresaré al norte, donde espera el vigía que sueña mi sueño, el camarada que dice: Duerme, duerme…


                                                                     © Ana Isabel Trigo Cáceres
                                                                                      diciembre 2004


DOMINGO 20 ENERO 2008.     UNA CENA




     Sorpréndela/le con una cena. Una luz trémula, un elegante mantel vistiendo una mesa de reducidas proporciones, sentados muy juntos en el suelo. Te propongo que caramelices unos pimientos del piquillo:

     1. Primero escúrrelos del líquido de conserva y dóralos por ambas caras en una sartén, con una pizca de sal y pimienta. Después, añade una mermelada que te guste (la de ciruela da buen resultado) y un chorro de un vinagre balsámico.

     2. Deja reducir a fuego lento hasta que caramelice el jugo. Quedarán agridulces y levemente picantes. Piensa en sus muchas posibilidades de relleno: requesón, gambas, puré de garbanzos, atún con tomate...

     3. Como acompañamiento, una rueda de quesos e ibéricos. Buen vino. Y poesía de Ángel González, que se nos ha ido una madrugada de enero:

     La luz a ti debida

Sé que llegará el día en que ya nunca
volveré a contemplar
tu mirada curiosa y asombrada.
Tan sólo en tus pupilas
compruebo todavía,
sorprendido,
la belleza del mundo
-y allí, en su centro, tú,
iluminándolo.

Por eso, ahora,
mientras aún es posible,
mírame mirarte;
mete todo tu asombro
en mi mirada,
déjame verte cuando tú me miras
también a mí,
asombrado
de ver por ti y a ti, asombrosa.

                                          Ángel González, Otoños y otras luces (2001)

     El poema de los 82 años

Ha pasado casi un siglo.
Soy un señor muy antiguo.
O mejor,
lo que queda de un señor:
unos restos
desvaídos,
algún gesto
que pretende ser cortés.
Es poco, pero algo es.

Dicen que el agua pasada
no mueve molino.
Pero el río de la vida
que pasó
sigue moliéndome vivo,
hecho polvo
enamorado
del agua, del agua aquella
cuyo murmullo lejano
aún oye mi corazón.

                            Ángel González, inédito


VIERNES 11 ENERO 2008.   PÁJAROS, POEMAS, ZAPATILLAS... Y OTRAS  FIESTAS DE GUARDAR





                                  “La felicidad perfecta es la ausencia de su búsqueda.”
                                                                                          Chuang-Tse

     La felicidad es un pájaro.
    Despertar con la retransmisión del Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena se me antoja una sencilla y alegre forma de iniciar el año. Las aves se saludan, como cualquier otro día, desde sus confortables nidos –de la rama del 5º dcha. con ascensor, a la rama de enfrente 3º A con vistas al centro cívico–, ocupadas en una supervivencia primitiva a la vez que cotidiana. Sabiduría animal. Como un vencejo más de los cielos de Madrid, despierto en el azul sereno de mi nido recién estrenado. Útero, río, útero, océano. El Danubio azul, el Vals del emperador, la Marcha Radetzky. El mediodía se levanta radiante sobre la música de las polcas y el oropel de los palacios de la corte. En los salones vieneses con paredes de mármol y estuco, me deslizo y giro como una damisela decimonónica con guantes de raso, guiada por un oficial del emperador.

     Iniciar el año con música imperial... Y el electricista que viene una tarde de miércoles a cambiar los conmutadores, y el carpintero que trae baldas y cajoneras para los armarios, y el fontanero que instala un tubo nuevo para la caldera; y salir una tarde a buscar una lámpara para el salón, y estrenar la cabina de ducha para redescubrir el placer de la hidroterapia como si viajara en el tiempo hasta las termas de la antigua Cartago. Un hogar, mi guarida.

     Pasa la semana. El dentista da el visto bueno a mis piezas dentales y, con un apretón de manos, me emplaza para dentro de tres meses. Una tarde en que la cocina exhala un aroma vegetal a guiso casero, recibo un mensaje de Fito Mansilla anunciándome su próxima actuación (su bolo, como prefiere llamarlo). Otro día, mi madre me telefonea henchida de júbilo porque, según el teletexto, ha logrado cinco aciertos en la Primitiva. Mi amiga invisible –que a la postre resulta ser una radiante Nuria embarazada– me regala un frasco de mi perfume de siempre. Y los Reyes Magos no se andan por las ramas y me traen un par de zapatillas y un MP3 para entrenar con música en los alrededores. Me explica el rey Baltasar que estas deportivas son una réplica de un clásico de 1975: en la etiqueta se aprecia la imagen de una atleta internacional ganadora en aquel entonces. Mis aspiraciones, sin embargo, son más humildes: me conformo con quemar calorías y segregar endorfinas mientras doy unas vueltas por los senderos del pinar del Cerro de los Ángeles o, en su defecto, el lago artificial cerca de casa.
     Tagore dijo: “Cuando abandonamos la vieja senda, se abre ante nosotros un nuevo territorio lleno de maravillas.”
     La felicidad es un pájaro. Pero también puede ser un par de cómodas zapatillas para inspeccionar el nuevo camino que se adentra en el bosque.
 

Tal como me informó, Fito Mansilla tocó anoche en la sala Boite, a pocos metros de la Puerta del Sol. Un concierto acústico, sólo dos guitarras: la de él y la de su amigo Rubén Fuentes, cantautor que también promete. Sonaron temas del primer álbum de Mansilla, Los días dorados, donde intercalaron una canción inédita inspirada en el hermoso poema “Pobreza” de nuestro querido Antonio M. Moreno, y la sempiterna canción “Aunque tú no lo sepas”, ese conmovedor tema que compuso Quique González para su tocayo, el genial y malogrado Enrique Urquijo. En cada actuación, Fito gusta de incorporar al menos una versión de clásicos del pop español de los 80 y 90; es el pequeño homenaje a los autores y grupos con los que este madrileño ha crecido musicalmente. Nos hemos hecho amigos en poco tiempo. Intuyo que hemos atravesado túneles similares; nos hemos asomado a los acantilados rocosos y conocido la misma náusea, el mismo vértigo. Me comentó que está dando vueltas a mi poema “Nadie te advirtió” , a partir del cual está naciendo una canción íntima. Piano y voz solamente.
     Desde Puertollano, Fernando Fernández me cuenta que anda ajustando mi poema versicular “Aún”  para una canción futura. Me siento muy agradecida. Ignoraba que unos segmentos de mi poesía pudieran obrar a modo de mariposas, o colibríes, posándose quedamente en las teclas de un piano o en las tensas cuerdas de una guitarra.
     Slow.
     La felicidad es un pájaro...





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